Para todos aquellos inclinados a la filosofía. Para los Vagos, los
románticos, los suicidas y los malvivientes...
¿Que
nos lleva a filosofar? Buena pregunta. Aquí una respuesta.
Es
solo una forma de vida. Una manera de sortear los problemas de la
mejor manera posible. Una vía para resistir en el camino. Justo como
dice ese prefacio del Enquiridión (lo transcribo literalmente) “Una
forma de llegar a ser más justo, más sensato, más razonable, más
sereno, mas sincero, mas respetuoso, más magnánimo, mas libre...”
No
podemos negar que si lo consideramos bajo ese foco, entonces el
filosofar propio (no
el seguir a pies juntillas las ideas de una cierta escuela)
toma todo un sentido. Ya deja de ser una actividad para románticos y
vagos. Me ha parecido una punto de vista con demasiada fuerza. Una
explicación simple y directa para quién se pregunta ¿Por qué
filosofar?
El
libro al que me refiero en cuestión, es el llamado Enquiridión de
Epicteto. Son simplemente un conjunto de notas tomadas por su
discípulo Lucio Flavio Arriano. Señalan algunas consideraciones del
filósofo para evitar la desdicha. La formula es simple: controlar en
nosotros mismos lo que se encuentre a nuestra posibilidad, excluir
lo que es imposible controlar. Aquí dejo un fragmento.
Hay
cosas que están bajo nuestro control y otras que no lo están. Bajo
nuestro control se hallan las opiniones, las preferencias, los
deseos, las aversiones y, en una palabra, todo lo que es inherente a
nuestras acciones. Fuera de nuestro control está el cuerpo, las
riquezas, la reputación, las autoridades y, en una palabra, todo lo
que no es inherente a nuestras acciones.
Lo
que controlamos es libre por naturaleza y no puede ser impedido ni
impuesto a ningún hombre; pero lo que no controlamos es débil,
servil, limitado, y sujeto a un poder ajeno. Recuerda, pues, que te
perjudicarás si consideras libre y tuyo lo que por naturaleza es
servil y ajeno. Te lamentarás, te confundirás, y terminarás
culpando a los dioses y a los hombres de tu desgracia. Por el
contrario, nadie podrá impedirte ni imponerte algo si consideras
tuyo sólo lo que en verdad te pertenece y ajeno lo que en efecto es
de otros. De esa forma, no criticarás a nadie ni acusarás a nadie;
no harás nada en contra de tu voluntad, no tendrás enemigos y no
sufrirás ningún perjuicio...