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miércoles, 18 de septiembre de 2024

COSAS QUE SE VAN

 COSAS QUE SE VAN 

Existen ciertas cosas que nos dejan sin aliento

y el corazón hecho un nudo.

Por ejemplo siempre he sentido nostalgia a la

la vista de un avión y ese sonido cuando pasa FUUUUUUUU

y que llega de lejos. 

Uno lo sigue con la mirada hasta que 

se aleja y desaparece entre las nubes y ya solo se mira su luz destellando.


El regreso a una casa vacía luego de que alguien acaba de partir

parece contener la esencia misma de quien hacía una o dos horas

había estado ahí. 

De niño me sucedía y dependía casi siempre del tiempo que haya durado la visita y el grado de cariño que tenía por esa persona.

Aveces la sensación podía ser desde minutos hasta una semana. 

Entonces la esencia que mas persistía era la de mi abuela. 


Quien se haya sentado en el living de una casa deshabitada y amueblada con pertenencias de los pasados moradores podrá entender.

Hace unos doce o trece años un amigo falleció. 

Su familia se mudó para evitar los recuerdos. Me encargaron el envío

de ciertos archivos personales ahí guardados. Volví a su casa luego de un par de meses del fallecimiento.

El sol entraba por la ventana del living. Y me senté ahí en medio de ese silencio o sonido de casa deshabitada. Era una casa muy grande. 

Hay una soledad y una locura extraña en todo eso. Los muebles ahí dispuestos.

Como si de un momento a otro fuesen a llegar sus propietarios. El aroma del desodorante ambiental atrapado en la madera y las paredes. 

Me serví un vaso de Johnnie Walker de la botella que había quedado a la mitad. 

Me senté en su sofá preferido entre todo ese silencio. Me puse a sentir. Mi alma se tragó algo de aquella soledad.

Daba la impresión de ser observado por la soledad misma. A ella no le incomodaba. A mi tampoco ella.  Y pensé en un saco de polvo y telas de araña. 

Entré siendo uno y salí siendo otro. Cuando salí le dejé en su sueño indefinido. Un tipo muy peculiar de soledad aquella. Soledad he sentido muchas otras veces. Pero aquella especie solo una vez. La que busca aposentarse en casas vacías. Lugares que fueron habitados y que encierran algo. La que parece atrapar al tiempo. 

Unas golondrinas que habían hecho su nido en el alero de la terraza rompieron el silencio

y con ello un trozo de mi alma. 


Uno también siente el final de una buena llamada telefónica con una persona a quien se quiere y se le echa de menos.

Cuando finaliza se desea volver a escuchar ese timbre.


Los senderos de Verano en el Otoño.

Un viejo olor de un perfume conocido también nos puede arrancar

una porción de alma.

Luego de décadas: la visita a la vieja casa familiar.

Son algunas cosas que te dejan el pecho sin aire.

Son tantas mas que solo me limitaré a lo que dije.

Porque al tiempo que escribo esto, vivo recuerdos.

Y mi alma está llena de cicatrices, abolladuras y rasgaduras. 

Hay algo que no se va: Las cicatrices. Se quedan. Se quedan con nosotros.

Y las mías las conozco muy bien. 

viernes, 14 de octubre de 2022

Teoría de la rueda del Hámster



Cada uno de nosotros se encuentra encerrado en una esfera. Como un Hámster que corre dentro de su rueda y le provee la ilusión de ser libre.

Esa esfera corresponde a nuestra realidad. Al igual que el Hámster podemos movernos. Tenemos la capacidad de hacer rodar esa esfera junto con todos nuestros ideales, nuestros deseos, nuestros temores, nuestro ego, nuestros sentimientos de frustración, envidia, coraje, rabia, mentira. Podemos también aproximarnos unos con otros. Pero no asirnos. No fusionarnos de forma alguna.

El apego solo es el ego levantando una ilusión de autoengaño. El asunto es que podemos comunicarnos, podemos pretender entender al ser de la otra esfera (llámese empatía) no hay tal empatía. Es imposible penetrar en el mundo o esfera del otro. Solo podemos autoconer y profundizar en nuestra propia esfera. Creemos comprender que entendemos el sufrimiento ajeno por experimentar algo parecido. Esto es el ego temiendo, o recordando lo que sufrió o podría sufrir. Lo mas cercano posible a esa empatía es la compasión. Y a ella solo se llega mediante el autoconocimiento y el análisis del ego y las ilusiones.


Aún cuando los seres humanos nos juntemos en matrimonio pretendiendo unir nuestros mundos ¡no existe semejante unión trascendental! Estamos solos en nuestra esfera y mundo particular. Padecemos solos, disfrutamos solos y nos autoengañamos.

Erigimos nuestras ilusiones de apego y codicia en soledad. Aún en un intento desesperado por lograr una compenetración los amantes recurren al coito. Entonces el coito para el ser humano cumple dos funciones, la principal y natural; la perpetuación de la especie. La segunda: una ilusión de unión. De entendimiento y solidarización. Un afán desesperado por poseer al otro. Por satisfacción del ego. Por la necesidad de huir del miedo. Y el acto ilusorio funciona por instantes. Lo cierto es que tal fusión de mundos particulares nunca se logró.

En una toma de alejamiento, nuestras esferas deambulan suspendidas en un éter inconmensurable, infinito, un espacio negro sin direcciones, y sin sentidos. Son pequeñas. Cientos, miles, miles de millones de esas pequeñas esferas yendo de un lugar a otro sin una importancia para el curso de la galaxia. Estamos solos. Por ello el autoconocimiento, y la búsqueda de la verdad respecto a los estados ilusorios es la única forma de conseguir lograr la paz interna. Cuestionamiento y meditación.

martes, 31 de agosto de 2021

Sobre el orden y algunas consideraciones acerca de la soledad

El otro día me encontraba charlando con una conocida sobre el tema del orden. Y yo mencioné que suelo ser ordenado en las cosas que me interesan. Bueno...  Creo que si algo caracteriza a mi vida es casi una ausencia de orden sobre lo que se puede decidir; "tener un orden o no tenerlo" ¿O será que dentro de ese desorden impera un orden?... Si no es necesario un orden nunca tiendo a ello. Pareciera como si mis mejores ideas se me ocurrieran entre el desorden.

 

Bueno pienso que no somos totalmente ordenados, ni desordenados. En lo que a mi respecta soy desordenado donde puedo serlo, y ordenado solo donde la naturaleza de lo que se me presenta exige un orden. Naturalmente, uno no puede llevar acabo un algoritmo sin un orden establecido. No se puede desmontar un motor sin seguir un orden especifico (aún si nos podemos permitir unas ligeras variantes)

En lo personal el orden (como lo entendemos) implica cierta imposición. Una vez mas, no podemos cargarnos a un extremo. El orden se encuentra unificado con el desorden, forma una unidad. Y quizás sea esa tendencia inconsciente que he mostrado toda mi vida: “negar lo impuesto” ... hacer las cosas a mi manera. ¡Me ha traído muchos problemas, pero también demasiadas satisfacciones!.




También rozamos un poco el tema sobre la soledad y sobre quienes son incapaces de estar solos. Creo que esas gentes no se enteran del enorme problema que tienen encima. En el fondo la soledad es parte de nosotros. La soledad emana de nuestro interior, somos soledad.  Estamos solos. En lo que a mi respecta puedo estar en un estadio de fútbol y sentirme solo (en los mejores términos).

Para algunos seré un bicho raro, pero para mi el valor de la soledad siempre ha sido alto. Lo cual no significa que no pueda apreciar la buena compañía y mucho menos que la desdeñe. Pero creo que la soledad ha jugado un papel importante en esa característica. El estar solo me permite apreciar las relaciones de calidad.

¡Una vez mas no podemos tender a un solo extremo!


domingo, 11 de julio de 2021

Dedicado a un desconocido

 


Puedo sentir el dolor donde otros no lo sienten. Te contaré algo que presencié en otra ocasión. Me encontraba descansando bajo la sombra de un escaparate de una tienda de la avenida Francoise Duparc. Entonces mas de alguno de los que me conocen sabe que en aquellos días yo trataba de encontrar un hombre feliz. En realidad todo consistía en un inocente juego, trataba de apostarme sobre aquella avenida o cualquier otra de mi elección y observar a la gente. Asignarle un oficio o profesión, imaginarme una clase de vida, darle una familia o ninguna. Hacía un esfuerzo por penetrar en esa piel. Sentirme esa misma persona. Creo que todo se debía a que en algún sitio escuché que los escritores eran capaces de cambiar de vida una y otra vez. Algo demente. Pero en aquel momento mientras descansaba miré venir calle abajo a un invidente y a juzgar por mis observaciones y los colores de su bastón era invidente y sordo. Su piel estaba tostada por el sol. La avenida era ancha, los autos transitaban a toda máquina. Yo continuaba observando aquel hombre, al que le había comenzado a estructurar una hipótesis de vida en base a su apariencia mas externa. Me encontraba tratando de penetrar en aquel muro, cuando veo que va directo a un poste indicador de tráfico. Grité pero era inútil. Los autos continuaban interminables. No había nada que hacer. Cerré los ojos y miré a otro sitio.
Cuando los abrí el hombre estaba ahí de pie, se tocaba la frente y estaba solo ahí de pie, desconcertado. Acomodó sus gafas y prosiguió su camino. ¿A dónde se dirigía sin compañía alguna? Quizás a ganarse unas monedas. Aquel bastón era su único apoyo en el mundo.
Entonces comprendí que mi búsqueda sería inútil y me largué de ahí. Aquello había sido suficiente. Pensé que algún día tendría que escribir sobre eso y aquí está. Es esto.

miércoles, 2 de junio de 2021

Reflexiones

 

Hábitos

Me gusta observar a la gente que fuma, come, bebe, juega y compra de manera compulsiva. Uno podría argumentar que se trata de una adicción, lo cierto es que nadie adquiere una adicción solo porque si (al menos no en el 90% de los casos). ¿Cuál sería la razón de no abandonar ciertos comportamientos que de manera consciente se sabe que son destructivos? El hecho es que la gente que fuma, o bebe se autodestruye. Y me suelo preguntar, al observar a un fumador compulsivo, ¿Cómo será su vida? ¿Cuál será esa profunda desdicha, ansiedad o vacío que ocultan en lo mas intimo de sus pensamientos, pero que su habito les delata? Y pienso sobre ese hastío del que intentan escapar.



Energía


¿Tiene sentido hablar de energía en una máquina cuando esta se encuentra inactiva?

Bueno, si pensamos en una máquina cuyo funcionamiento dependa de dejar caer un peso que su estructura mantiene suspendido, y en determinado momento esa máquina solo mantiene el peso suspendido, podríamos decir que su energía se encuentra potencial. Cierto es que un motor tiene la capacidad de producir un trabajo, efectuar un movimiento, pero cuando está apagado ¿Tiene sentido pensar que posee energía Ínsita?

Necesita la espera de una energía de entrada que le permita ponerse en movimiento y efectuar un trabajo.

¿El ser humano posee energía connatural? Si hablamos de un muerto, ese cuerpo pasaría a ser algo similar a una máquina apagada. Si hablamos de un vivo, ¿Qué es esa energía que permite salir de la cama, ir a hacer algo, pensar de forma creativa, desempeñar un trabajo? En gran parte esas energías las obtenemos de los alimentos, pero existe otra componente mas. Esa voluntad de ir hacer algo; ¿Qué clase de manifestación es? ¿Qué nos impulsa a realizar aquello? ¿Un estímulo? ¿Una recompensa? ¿Una pasión? O simplemente ¿Un estado psicológico propicio?


Estímulos


Se dice que una amplia variedad de especies obedece a los estímulos. Se puede lograr que gatos, perros, monos e inclusive humanos obedezcan a los estímulos. Pero el estímulo aún con lo que se cree, no carece de relación estrecha con la voluntad. Solo que al hablar de estímulos se debe hablar de “clases de estímulos”

En el hombre existe una gran variedad de estímulos y uno de los mas potentes es el estímulo sexual. En cuánto el ser humano se ve de alguna manera estimulado sexualmente, se espera una reacción perfectamente discernible y calculada, mientras que sabe (y eso aveces) que se encuentra dentro de los limites de lo permisible o de su capacidad. Tal estímulo produce una reacción y se consigue un resultado y todo vuelve a la normalidad. A decir verdad no se ha creado nada nuevo, al menos por tratarse de una respuesta de orden Biológica.

Sentir la cama mullida, las frazadas y la almohada pueden provocar un estímulo de dormir. Los días lluviosos podrían provocar en algunos el estímulo de comer, o de arrellanarse en un sofá. El olor de nuestra comida favorita puede producir un estímulo de salivar. Entonces es posible hablar de estímulos “Básicos y estímulos complejos”

Los estímulos complejos son los que demarcan una relación mayor con la voluntad. Es cierto que el estímulo frente a la voluntad solo es un artificio, pero puede ser la chispa que encienda la pólvora y crear un estallido de cosas nuevas de la importancia que sean. Ya sea para nuestro desarrollo como seres humanos o como sociedad, o a casos de otra naturaleza.

La esperanza de algo nuevo a futuro puede servir de estímulo para emprender acciones en el presente. Y aveces hasta las mismas carencias o vacíos pueden hacerlo. Y aquí entramos a una ambigüedad: los vacíos o carencias ¿son motor de la vida, o negación a ella?


Edad


En el año de 1900 la esperanza de vida humana en un país desarrollado era algo así como de unas cuatro décadas. Década con década y bajo el ala del desarrollo científico este promedio a ido en aumento sustancial. En la actualidad el promedio ronda entre los setenta y ochenta años y cada día se saben de mas casos sobre gente que ha estado a punto de tocar el siglo. La cuestión es, “si en realidad esto ha sido para bien”.

En relación a otros tiempos la calidad de vida a mejorado o ha empobrecido. Pero no trato de referirme a eso. Pienso en otros aspectos que han evolucionado a la par con la sociedad. Como por ejemplo, según las estadísticas, al día, hay un mayor número de gente que envejece sola. En algunos casos por ser mas longeva que su pareja, en otra porque se vieron aislados en la sociedad individualista y efímera. Algunos por tema de hijos. Claro es un tema de estadística, no quiere decir que todos los que sean longevos terminarán sus días solos.

El hecho es que al día se registran mayor número de personas que envejecen solas. Y el temor latente es, preguntarse ¿que va a suceder el día que no puedan mas consigo mismos y dependan de alguien? Pero el ala “benefactora” de la ciencia no tiene una respuesta para ello. No estoy seguro que eso sea algo loable exactamente. Prolongar la existencia a un punto que va mas allá al que Biológicamente el cuerpo humano está diseñado para vivir. Si, seguro que en 1900 morir de treinta o cuarenta años representaba un ahorro sustancial de pesares. Simplemente vivían. Tenían hijos y morían. Y la tanda de desdichas eran menores. Ahora cada día hay mas gentes que viven tanto como para alcanzar a ver a sus hijos y amigos morir. Y conforme el tiempo pasa la alegría se marchita. Haber escuchado a tantos ancianos pedir la muerte deja un regusto amargo que lleva a reflexionar.

Si, es un mal generado por la ciencia con la etiqueta “mejor calidad de vida” para el que esta no tiene solución. Pero no veo que los legisladores tomen el caso con toda la seriedad que se merece. El tema de la muerte asistida por decisión propia debería ser un derecho, en cambio  continúa siendo tratado como un tabú. Naturalmente, que cualquiera podría tomar la decisión de de vivir hasta donde quisiese. Pero el hecho de ser asistido implicaría, al menos, un sufrimiento menos, y menos fallas también.

lunes, 5 de agosto de 2019

Whale 52


Yo jamás habría imaginado que la tierra pudiera albergar tanta soledad
W.H.H

El Océano guarda muchos misterios. Casualmente estoy leyendo el
libro “Los mares grises sueñan con mi muerte” del escritor ingles William H. Hodgson y de manera simultanea me encuentro con la noticia de que en el año de 1989 un equipo de científicos de la institución oceanográfica de Woods Hole que realizaban trabajos marinos descubrieron un extraño canto emitido a una frecuencia de 52Hz.
Los científicos luego de departir sobre el asunto llegaron a la conclusión de que no podía tratarse mas que de un cetáceo, pero de una especie desconocida y quizás única, pues la frecuencia de canto de las ballenas es significativamente inferior: de entre 10 y 39Hz por lo que ninguna ballena es capaz de acudir a los llamados de 52Hz.
Así que se ha podido observar que se trata de “la ballena mas solitaria del mundo”
Ha estado surcando la bastedad del océano sin ninguna otra compañía que ella misma, y lanzando llamados una vez al año en espera de una respuesta que nunca retorna. Todo en vano.
El equipo de científicos estuvo monitoreando su desplazamiento por rutas que son infrecuentes para las ballenas, sin un rumbo y patrón determinado, y descubrió que la ballena estuvo mandando el mismo canto en busca de pareja una vez al año, desde 1989, que fue descubierto hasta, el 2004, año en que se dieron a conocer los trabajos a la comunidad científica.
He indagado un poco pero al parecer no se ha publicado nada mas sobre esta investigación en estos últimos tiempos. 
Sin mas que decir.

 

lunes, 2 de julio de 2018

Dieciséis minutos




Dieciséis minutos
 

Cierto día de un Noviembre fui a visitar a la abuela. No recuerdo cuando había sido la última vez que nos vimos. Había pasado mucho tiempo, y mas sin embargo las cosas no estaban muy cambiadas que digamos, excepto porque el jardinero había cortado el viejo Manzano que estaba al frente del asilo, y en su lugar habia plantado una valla de setos y un par de mandarinos .

Era bastante viejo —dijo la abuela— además estaba enfermo.
¿Qué era bastante viejo? —pregunté
El árbol, ¡mi dios!, el árbol... ¿donde tienes la cabeza, tú y tu generación me pregunto si tienen lo que se llama cerebro?
¿Qué se puede hacer? No se puede exigir sentido del humor a una anciana misántropa y
pesimista.
Excepto porque ahora usaba gafas, noté que no necesitaba bastón y su piel estaba muy conservada a pesar de sus Ochenta y siete años. Mucho mas de lo que cabe esperar a esa edad.
Caminamos hacia una banca desocupada bajo el amparo de un cerezo.
Sientate —dijo.
Yo me senté.
No puedo quedarme mucho tiempo —dije.
Yo no te pedí venir ¿Verdad?
No contesté. Luego de una pausa prudente pregunté
¿Y cómo te encuentras?
¿Cómo se puede estar a los ochenta y siete? enferma y abandonada.
Abuela no estas abandonada -dije
Lo estoy. Puedo estar acompañada y sentirme sola. ¿Nunca te ha pasado? aunque si me preguntan aveces lo prefiero... -hizo una pausa, luego continuó- Pues es cierto que aveces se echa de menos la familia pero en general... no tengo una mala vida aquí, no me quejo.
¿Qué hay en la capilla, veo luz?
Un muerto
¿Un muerto?
Don Arturo ... se cayó ayer en las regaderas y se dio en el cuello contra el borde del retrete... se partió las cervicales.
Hubo un silencio luego dijo
Nadie esta con él, no tenía familia.
Ah.
Yo iba a hablar pero ella me interrumpió y dijo.
Mejor no digas nada. —Así que hice lo que ella me mandaba. Luego continuó.
Me preguntabas como estoy yo. ¿Cómo se puede estar a los ochenta y siete años? ¿Ah? Los problemas de la edad y todo eso... fuera de ahí normal.
Hubo un silencio relativamente largo.
Siempre me ha gustado el canto de las aves -me dijo- Me estoy poniendo cursi quizás sea porque ya no duraré mucho. Puedo sentirlo. Y también se que tu no lo entiendes, tal vez llegué el día en que lo hagas. Aunque no se si será lo mejor para tí.
Y yo era para ella un joven petulante y engreido.
No sabía que mas decir. Ambos entendiamos que entre los dos se había formado una especie de barrera. Pero aunque suene extraño, no me sentía incomodo. Así que tratando de encontrar conversación dije:
Me gusta este jardin. El cerezo debe ser muy viejo también.
Ah —exclamó—si, supongo que lo es.
Y el pasto esta muy bien cuidado.
Lo riegan a diario.
Comencé a sentirme como un idiota. No debiste haber venido, pensé.
En eso se escuchó el tañido de una campanilla. Era el llamado para la merienda.
Estuvimos algunos segundos mas sin hablar, luego dije:
Bueno, creo que debo irme.
Creo que si —dijo la abuela— tenemos que ir al comedor. Me dió gusto verte.
También a mí —contesté.
Nos miramos unos segundos.

Hubo un tiempo en que fuimos los mejores amigos del mundo, pero supongo que así es la vida.
Dio media vuelta y fue caminando despacio hasta el interior de la casa. Yo estuve cinco minutos mas debajo del cerezo. Pocas veces tenía la oportunidad de admirar un ocaso como aquel. A esa hora cuando el sol adquiere un tono cobrizo.
Las aves volando despavoridas a su refugio, levantando una algarabía. Y eso día tras día lo repiten hasta que les llega el final. Comencé a sentir frio. Me levanté y me fuí de ahí. Aquella visita habia durado solo dieciséis minutos.
La abuela murió una semana despues.
La tarde del entierro fue identica a la de aquel día. Y solo duró algo alrededor de dieciséis minutos.

domingo, 1 de julio de 2018

Don Benito (mi primer experiencia ante la muerte)



Don Benito
Debí tener seis o siete años, no recuerdo bien, pero entonces nunca había visto un muerto.
Solía preguntar sobre muertos a Rosy, pero nunca había visto ninguno. Ella había visto tantos que difícilmente llevaba la cuenta. Había tenido una experiencia demasiado estrecha con la muerte, empezando por su primer hijo muerto hacía mas de cuarenta años.
¿De que murió?
Se murió de un soplo en el corazón, decía mi abuela. Aún siento como si apenas hubiera acabado de suceder.
Eran muchas las horas que pasábamos hablando sobre muertos en las noches, a oscuras,
en la habitación, con la luz lunar proyectando sobre la pared del dormitorio. Aveces me pasaba a su cama, pero casi siempre hablábamos de cama a cama.
Por algún motivo particular no era tema que me asustara, no demasiado a diferencia de los chicos que conocía . Había pues escuchado mucho sobre muertos, que creí conocer la sensación de estar frente a uno.
Y como casi siempre sucede en la vida, las cosas suelen llegar espontaneas, cuando menos lo esperamos se hacen presentes por si solas.
Aquella fue la tarde de un Sábado. Me encontraba solo con Rosy, a punto de cerrar la tienda.
Ella ocupada en la hoja de balances con las gafas puestas. En medio de un silencio que se podía escuchar unicamente la manecilla del reloj colgado en el muro. Yo esperando
sentado arriba de un taburete. Lo que debía ser horriblemente aburrido para cualquier niño a mí me gustaba. El olor en aquel sitio era como tener los aromas de todos los árboles del mundo ahí mezclados.
En eso frente a la tienda se detiene una ambulancia y un camión de policía con las luces de la torreta encendidas. Bajaron un par de paramédicos; un hombre de traje con un cuaderno y uno de los dos policías. Poco tiempo después un paramédico volvió empujando una silla de ruedas con lo que figuraba ser una persona sacudiéndose suelta por el traqueteo de las ruedas. Estaba tapada con una Sabana muy blanca. Inmaculada, diría yo. Supe de quien se trataba. Pude reconocer las pantuflas a cuadros y los tobillos blancos. No lo podía creer.
La gente comenzó a juntarse. Mi abuela me dijo que esperara dentro y salió de la tienda.
Cuando volvió, noté que traía los ojos irritados y la voz un poco cortada, y dijo “Es don
Benito, hijo ¿te acuerdas de Don Benito? Se murió”
Recuerdo que exclamé con un ¡Oh, don Benito! Aunque ya sabía de quien se trataba. No dije nada mas. Pero a mí mente llegó la figura de don Benito pidiendo limosna , sentado en su silla de ruedas afuera de su casita. Aveces cuando pasaba solía regalarme algunos caramelos de limón y agitar mi pelo. Me preguntaba que quería ser cuando fuera grande.
-¡Quiere ser inventor Don Benito, inventor! -contestaba mi abuela-
-¡Ah! Inventor y movía sus manos como si ejecutara una especie de danza atornillando una pieza imaginaria.
Entonces yo decía,
-No. Quiero ser Abogado como mi padre.
Cuando nos íbamos quedaba tan solitario como siempre, escuchando su radiecito de pilas.
Viejas canciones de su época. Ahora pienso que era una música muy melancólica.
Nadie sabía en realidad quién era don Benito. Unos decían que no tenía hijos. Otros decían que habían muerto ahogados cuando eran unos niños al pretender cruzar el río Bravo y había pasado gran parte de su vida solo.
Los paramédicos ataron la silla con el cuerpo en el camión de policía y luego arrancaron. La última vez que lo vi, fue justo cuando torcieron a la avenida principal. Vi como se sacudía su cabeza y entonces me pareció mucho mas desamparado que cuando vivía. ¿A donde lo llevaban?
Siempre que pasaba frente a su casa miraba hacia ese punto, con la vaga ilusión
infantil de que lo miraría una vez mas.
-Dicen que fue un infarto -escuché una voz.

Aquella noche no hablamos de nada. Nadie de los dos tuvo ánimos de decir una palabra. No entendía que es lo que había que temer de los muertos.